
La Colección
Salsas
La mesa española, embotellada. Cuatro salsas construidas con tomate entero, hierbas del huerto y la negativa a tener prisa.
La idea detrás de las salsas
Nuestras salsas empiezan en el campo del tomate, no en la fábrica. Fruta madura, una caldera de fondo de cobre, aceite de oliva, sal, hierbas — esa es la lista. Cocemos durante horas porque el tiempo también sazona. Sin almidones, sin concentrados, sin azúcares escondidos.
Lo que llega al tarro es lo que una cocina española atenta prepararía para su propia mesa un domingo — una salsa que sabe al campo del que viene, no a la lata en la que terminó.

Origen
Vegas Altas, Extremadura
El tomate que usamos crece en las Vegas Altas de Extremadura, en las largas llanuras junto al Guadiana. Allí el verano es lo bastante caliente para empujar los azúcares y lo bastante seco para que la piel siga firme. La fruta madura en la mata, no en una nave, y se recoge entre julio y septiembre.
Del campo a la fábrica, un trayecto corto. De la fábrica al tarro, el mismo día. El tiempo, aquí, es el primer ingrediente — y el que nos negamos a perder.
El Oficio
Fuego lento, cobre, paciencia
Tomate entero a la caldera. Aceite de oliva, sal marina, un poco de ajo, a veces una hoja de laurel — nunca almidón, nunca azúcar, nunca concentrado de tomate prestado de otra cosecha. La caldera es ancha y de fondo de cobre porque el cobre sostiene el calor con paciencia y deja subir el vapor.
Cocemos durante horas, no minutos. El agua se va despacio. La pulpa se deshace en sí misma. Cuando el color se vuelve teja y la textura agarra la cuchara, se apaga el fuego. La salsa se envasa caliente y se sella. Después no se añade nada.

Cuatro salsas, cuatro papeles
El Tomate Frito es la base — la salsa que una casa española tiene siempre a mano, de la pasta a los huevos fritos. El Tomate con Hierbas es la misma base levantada por orégano, laurel y pimentón. El Gazpacho no es una salsa sino una sopa fría, la manera en que Andalucía bebe el verano. El Ketchup es el primo adulto: el mismo tomate entero, la misma cocción larga, endulzado sólo por su propia reducción. Un estante, cuatro maneras de que el campo llegue a la mesa.
La colección

Maridaje
Domingos y entre semana
El Tomate Frito sobre pasta corta, sin nada más que albahaca rota y un hilo de aceite de oliva. Una cucharada en un guiso al día siguiente, para devolverlo a la vida. Gazpacho en un vaso fresco antes del almuerzo de agosto. El ketchup junto a una costilla cocinada despacio, donde tiene a quien acompañar.
Ninguna de estas escenas es un compromiso de entre semana. Son recordatorios — la buena comida no tiene que ser lenta si la lentitud ya ocurrió en el tarro.
Una cata privada
Una cata, dispuesta para cuatro.
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